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La evolución de los colores en la ropa de los sanitarios y su significado

/COMUNICAE/

Como indica Global Uniforms, aunque con el tiempo los uniformes sanitarios han tenido cambios hasta el punto de incluir estampados, mantener ciertos colores estándar en las prendas sanitarias sigue siendo una necesidad en según qué sectores del cuidado y la salud


Cuando las personas están enfermas y acuden al hospital, rápidamente se reconoce quién es el profesional que lleva una bata blanca, un pijama verde o va vestido de azul. Aunque esto no se reduce al sistema médico, también se pueden encontrar casacas sanitarias en otras áreas como la veterinaria, farmacias, clínicas dentales o fisioterapeutas. Y es que los uniformes y pijamas sanitarios no son exclusivos para médicos o enfermeros, también es obligatorio para cualquier profesional que atienda a personas o animales que esté relacionado con la salud. 

Aunque hay sectores dentro de la estética o clínicas privadas, por ejemplo, que incluyen uniformes estampados y de variados colores, puesto que disponen de una mayor flexibilidad a la hora de vestir con otros tonos, algo que conoce muy bien, Global Uniforms, quienes son expertos en indumentaria para profesionales sanitarios con su marca CHEROKEE MEDICAL. Ampliamente conocidos por su variedad de diseños y colores, modelos estampados, y sobre todo por la innovación en sus tejidos: frescos, ligeros y elásticos para que el profesional se sienta cómodo y pueda moverse fácilmente.

Pero para hablar del tema que aquí se ocupa, el del significado de los colores de los uniformes sanitarios y cómo éstos han ido evolucionando, se tiene que retroceder al pasado. En la Edad Media, los uniformes sanitarios se impusieron a dos tipos de profesionales. Por un lado, las enfermeras que vestían de negro y con cofia (muchas procedían de órdenes religiosas) y, por otro lado, los médicos.

Estos últimos infundían más miedo que seguridad al paciente, sobre todo por la indumentaria popularizada en el momento de la lucha contra la peste y otras enfermedades que eran sinónimo de una muerte segura. Es decir, solían vestir túnicas negras largas con una máscara con pico de ave y un sombrero negro (en el pico solían incluir hierbas que creían que repelían la enfermedad), así como un bastón largo para no tocar directamente al paciente y evitar la propagación de la enfermedad.

Hay que esperar hasta el s. XIX para encontrar cambios en los uniformes sanitarios. Estos evolucionaron paralelos a la aplicación de las técnicas de esterilización e higiene en hospitales y quirófanos. Esto provocó que la indumentaria comenzase a proyectar la imagen de seguridad y confianza con el uso del color blanco como predominante y que los pacientes comenzasen a ser atendidos en hospitales y no tanto en casa.

En este sentido, gracias al desarrollo de la cirugía aséptica y el empleo de las técnicas diagnósticas modernas, los hospitales pasaron de ser lugar de proscritos sociales abocados a la muerte a ser un lugar de sanación y curación de enfermos.

Uno de los primeros médicos que apostaron por el uso de ropa quirúrgica fue el americano Hunter Robber. Fue quien pidió que en los quirófanos se vistieran con ropa que cubriera por completo al cirujano por higiene y consideró que el color blanco era el ideal, ya que se podía lavar fácilmente. Aunque esto a la larga comenzó a ser poco práctico en las salas de operaciones.

Cuando la electricidad comenzó a ser más usual y se instalaron un mayor número de luces en los quirófanos, el uso de la ropa blanca conllevaba un cansancio de la vista debido a los reflejos y el exceso de claridad. Esto hizo que se buscaran otros colores que no hicieran tanto daño a la visión y que difuminaran el color rojo de la sangre de los recién operados. Eso llevó que, en 1914, el cirujano Harry Sherman recomendara el color verde como solución, puesto que no era tan perjudicial ante los reflejos de la luz y la sangre no se vería tan roja.

Esta decisión fue un acierto, ya que el verde es cromáticamente contrario al color rojo, por lo que minimizaría los reflejos y el impacto del rojo de la sangre durante las operaciones. Posteriormente, a mitad del s. XX se introdujo el color azul cielo dentro de la indumentaria con el propósito que el verde, ya que también estaba al contrario de la escala cromática de colores al rojo y venía a ser un color que reflejaba la esperanza y el optimismo.

Además de estos colores, en áreas como obstetricia y ginecología se aplican los uniformes sanitarios entre el rojo y el rosa como representación de lo femenino y la fertilidad.

Esta división de colores se ha mantenido hasta la fecha, ya que es un patrón establecido por la sociedad en general y se reconoce rápidamente con qué profesional se está hablando dentro de un hospital.

En definitiva, los colores estándares siguen siendo una necesidad, aunque hay ciertos sectores de la salud que, debido a su intervención en aspectos de estética o en el caso de pediatría, pueden añadir estampados para dar un toque de color y diseño. De igual modo, hay profesionales que, cada vez más, optan por personalizar sus uniformes y escogerlos de acuerdo a sus gustos y necesidades (tipo de tejido, estampados, tratamiento de la tela, comodidad, etc.) incluso bordado logotipos para tener una imagen corporativa muy actual.

Fuente Comunicae

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